lunes 12 de eneero 2026
La Policía Municipal de Chihuahua atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia reciente. Lo que alguna vez fue presentado como modelo y motivo de orgullo hoy se desmorona bajo el mando del comisario Julio César Salas y la responsabilidad política del alcalde Marco Bonilla. El deterioro no es percepción: es acumulación de escándalos, errores operativos y una alarmante ausencia de liderazgo.
Dentro de la Dirección de Seguridad Pública Municipal, lo que debería ser orden y disciplina parece haberse convertido en improvisación y protección selectiva. Se habla —y se comenta insistentemente dentro de la propia corporación— de falta de capacitación, de protocolos deficientes y, peor aún, de correctivos disciplinarios inexistentes para ciertos “elementos consentidos”.
Entre filas policiales se escucha el hartazgo de quienes sí cumplen su deber y terminan pagando los platos rotos de otros. Versiones internas señalan que en círculos cercanos al mando hay de todo: desde abusos de autoridad hasta conductas que rayan en lo criminal. Señalamientos graves que, lejos de investigarse a fondo, parecen ser ignorados, solapados o simplemente escondidos bajo la alfombra.
El caso del empleado de Salud Digna, que alcanzó notoriedad incluso en medios internacionales, es un ejemplo doloroso de la torpeza institucional. Una detención mal ejecutada, protocolos mal aplicados y una carpeta mal armada terminaron por dejar en libertad a un imputado por un delito grave. No fue el juez quien falló: fue la policía municipal la que no supo hacer su trabajo.
Y como si fuera poco, la corporación perdió la certificación CALEA, un golpe directo a la credibilidad del comisario Salas González, quien hoy parece más ocupado en ocultar deficiencias que en corregirlas. Mientras tanto, se dice que sueña con convertirse en el próximo Gilberto Loya, aspiración que muchos policías aseguran que no permitirán, al grado de ya existir grupos internos decididos a jugarle en contra al proyecto político de Marco Bonilla.
Otro episodio humillante fue el video donde una agente municipal, Emma Argüelles, dejó escapar a un detenido esposado. Las imágenes exhibieron ineptitud individual, de un elemento que presume que es abogada y dicen que no sirve de mucho, El detenido huyó… y la institución quedó en ridículo.
Las versiones apuntan también a vínculos personales incómodos, amistades con coordinadores con demasiadas “cercanías”, como el caso del distrito Ángel y su titular Mario Chavira, señalado en pasillos por rodearse de demasiadas confianzas.
Ante este panorama, la pregunta es inevitable: ¿para qué fue electo Marco Bonilla? ¿Dónde están los regidores de la Comisión de Seguridad? ¿Qué hacen Isaac Díaz, que simplemente no da una, o Miguel Riggs, tan opositor cuando le conviene y tan silencioso cuando el tema incomoda?
¿Y los diputados? Bien, gracias. Más ocupados en pelear candidaturas adelantadas que en revisar lo que ocurre con la seguridad pública. ¿Dónde está Nancy Frías, presidenta de la Comisión de Seguridad del Congreso? ¿Por qué no revisar protocolos, fallas y responsabilidades para impulsar reformas que obliguen a sancionar a los malos elementos y corregir el desastre actual?
Así están las cosas en el municipio de Chihuahua: una policía caída, una autoridad que calla y una ciudad que observa cómo su corporación se desploma… más fuerte que la caída de Nicolás Maduro.
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